Aunque la pobreza ya no se considere como uno de los principales problemas del país -sólo un 2.44% de los encuestados respondieron “Pobreza” al principal problema de Uruguay en el estudio LAPOP 2014- lo cierto es que continúa siendo un flagelo para una buena parte de la sociedad. Según las cifras más recientes del INE (2016), el 6.2% de los hogares y el 9.4% de las personas se encuentran bajo la línea de pobreza, mientras que el 0.1% de los hogares y el 0.2% de las personas se encuentran bajo la línea de indigencia.

Las personas en situación de pobreza no quieren trabajar

Mucho se comenta sobre el trabajo como uno de los mecanismos más importantes para la ascendencia social. Ésta idea ha sido la justificación de muchos programas sociales gubernamentales en Uruguay y la región, como el conocido programa Uruguay Trabaja del MIDES. Aún así, existe el mito extendido de que las personas en situación de pobreza no quieren trabajar, asociando su condición social a su disponibilidad y voluntad de insertarse en el mercado laboral.


El 45% de los uruguayos considera que los pobres: “son pobres por flojos y falta de voluntad


Por ejemplo, el informe Los valores en Uruguay: entre la persistencia y el cambio, en base al Estudio Mundial de Valores para el año 2011, muestra que un 45% considera que las personas en situación de pobreza: “son pobres por flojos y falta de voluntad”, porcentaje que crece sistemáticamente desde 1996.

Fuente: Los valores en Uruguay: entre la persistencia y el cambio

El trabajo y desempleo en los pobres
El último informe del Instituto Nacional de Estadística titulado “Estimación de la pobreza por el método del ingreso” dedica un capítulo a observar algunos indicador vinculados al mundo laboral haciendo foco en aquellas personas que se encuentran en situación de pobreza. Respecto a la tasa de actividad de las personas por debajo de la línea de pobreza (personas que están ocupadas o son desempleadas y que buscan activamente trabajo), estimado a través de las Encuestas Continuas de Hogares, era del 58,8% en 2016, valor menor al que registran aquellas personas que se encuentran por encima de la línea de pobreza (63,8%).

La tasa de empleo para la población en situación de pobreza se ubica en 45,7%, mientras que para la población por encima es de 59,5%. Ésto da cuenta de una brecha de casi 14% entre ambos grupos. Si observamos la tasa de desempleo en el año 2016,  la misma fue de 7,8% para el total del país, siendo de 22,3% para aquellas personas que se encontraban por debajo de la línea de pobreza y 6,8% para los que están por encima.


Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Un aspecto importante al momento de observar los datos de empleo es también conocer sobre la calidad de los empleos, sobre todo cuando miramos los empleos de aquellos que se encuentran en situación de pobreza. El mismo informe producido por el INE da cuenta que “la situación de no registro a la seguridad social presenta diferencias notorias entre las población por debajo y por encima de la línea de pobreza”. Cuando se observa a los ocupados del país que están por encima de la línea de pobreza, aquellos que “se encuentran al margen de seguridad social” son el 22,6%, mientras que este indicador para aquellos por debajo de la línea de pobreza se triplica llegando al 69,9%. Además, las personas subempleadas son el 26,7% cuando se observan a aquellos por debajo de la línea, y 7,3% a los que están por encima.


El 26% de aquellos que viven en asentamientos irregulares están disponibles para trabajar ahora mismo


¿Disponible para trabajar?
La Encuesta Continua de Hogares el INE realiza una pregunta sobre la disponibilidad para trabajar, con tres categorías de respuesta: “Si, ahora mismo”, “Si, en otra época del año” y “No”. Al observar esta pregunta entre aquellos que se encuentran bajo la línea de pobreza un tercio están dispuestos a trabajar ahora mismo, mientras que los que están por encima, sólo el 15% lo está.

Otro dato interesante es la disponibilidad para trabajar entre quienes viven en asentamientos irregulares. En este caso, el 26% de aquellos que viven en asentamientos están disponibles a trabajar ahora mismo, frente a el 16% que no vive en asentamiento pero si está disponible para hacerlo.

El prejuicio sobre que las personas “son pobres por flojera” o que no quieren trabajar parece no estar fundamentado con datos. Si bien existen diferencias notorias en los indicadores clásicos de empleo, muchos de éstos suelen estar afectados por fenómenos como la informalidad o el trabajo zafral, que tienen una incidencia mucho mayor entre las poblaciones vulnerables. Ahora bien, cuando se analiza la disponibilidad para el trabajo, en los sectores pobres esta aparece en mayor medida que en los no pobres, desafiando la idea de que no trabajan porque no quieren.

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