Democracia charrúa

El pasado martes 27 de noviembre, tuvo lugar un evento conmemorativo por los 35 años del acto en el Obelisco, denominado el “Río de Libertad”, ocurrido en 1983. En aquella ocasión, se realizaba una manifestación en rechazo a la dictadura, y reclamando la restauración de las libertades políticas que, dos años después, serían nuevamente adquiridas.

Al igual que en aquel histórico evento multitudinario, la convocatoria al evento del 2018 fue realizado por un espacio interpartidario en defensa de la democracia como forma de convivencia, sin manifestar preferencias partidarias, y alentando a la población a acercarse al evento tan solo con el pabellón nacional. Sus organizadores alegan que es un buen momento para manifestarse a favor de los valores democráticos, ya que en la región y en el mundo, esta forma de gobierno se está viendo cuestionada, y rememorar un evento en donde la sociedad uruguaya se manifestó masivamente a favor de las libertades civiles y democráticas, apareció como una herramienta conveniente. Antes de esto, este espacio se ha manifestado a través de una carta a la opinión pública, alegando su “adhesión irrestricta al sistema democrático”, y exhortando a las autoridades políticas a defender la democracia “y a condenar todas las expresiones que atenten contra ella”.

Las juventudes de los partidos políticos entienden que la democracia podría encontrarse amenazada en la región y en el mundo. Pero, ¿hay razones para pensar que en el Uruguay la democracia está en peligro? ¿Cómo ha variado la percepción y valoración de esta forma de gobierno desde que han restaurado las libertades políticas en 1985?

Apoyo y satisfacción con la democracia

La concepción de la democracia como el mejor sistema de gobierno suele ser utilizada como forma de medición sobre si este tipo régimen corre riesgos o no. En ese sentido, el Latinobarómetro aporta datos al respecto, ya que consulta periódicamente sobre esto en sus encuestas a toda Latinoamérica.

La región latinoamericana no presenta un panorama de alto apoyo a la democracia. Consultados sobre con cuál afirmación está en mayor acuerdo entre tres posibilidades, la mitad de los latinoamericanos (53%) eligió “La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”.

En Uruguay se puede observar que a partir del 2009 hay un descenso en la valoración de la democracia como la mejor forma de gobierno. Sin embargo, en el 2017, último año de consulta de esta encuesta, se puede ver un leve repunte en esta tendencia.

Si se observa el nivel de satisfacción de la sociedad con respecto a la democracia, se percibe un significativo aumento de esta valoración desde que esta medición se comienza a realizar, teniendo su pico mayor en 2013. Sin embargo, nuevamente se da un descenso en su valoración en los últimos años, con una leve tendencia al repunte. El informe del 2018 del Latinobarómetro indica que esta tendencia es general dentro de la región. Finalmente, a diferencia de la medición anterior, el 2017 se encuentra lejos del valor mínimo alcanzado en el 2004.

Confianza en las instituciones

Es de común acuerdo que, para preservar un régimen democrático, es especialmente relevante que la sociedad confíe en sus instituciones políticas. Estas instituciones pueden ser identificadas como el gobierno, el congreso, y los partidos políticos.

Sobre esto consulta el latinobarómetro continuamente, teniendo un período de vacío con respecto a los partidos políticos entre 1997 y 2001. Sin embargo, los datos permiten elaborar la evolución de las percepciones de la sociedad sobre estas tres instituciones claves para el ejercicio democrático.

Los datos muestran que las valoraciones sobre estas instituciones, en términos generales, van bastante alineadas. Parece encontrarse momentos de mayor cuestionamiento en los años 2003 y 2004, posteriores a la crisis del 2002. Por otro lado, en los años 2009 y 2010 encuentran todas sus mediciones más elevadas. 

En otro orden, se encuentra que, a nivel general, los partidos políticos son la institución política de mayor aceptación, seguidos por el congreso, y finalmente el gobierno. Todas ellas sufren un descenso en su valoración a partir del 2015, estando distantes, sin embargo, de sus valores mínimos.

Mediciones objetivas de la democracia

Hasta ahora se han repasado opiniones de la población respecto a cómo valora el régimen democrático en sí o las instituciones principales que lo componen. Pero además de estas formas de aproximación existen mediciones “externas” u “objetivas” que se basan en ciertos indicadores ajenos a la percepción de la población sobre el régimen en que viven. Para estas mediciones, hay ciertas condiciones a cumplirse dentro de la institucionalidad de un Estado para asegurar cierto nivel de convivencia democrática.

Entre ellos, el más conocido a nivel mundial es el Índice Democrático de la revista The Economist. Este índice se actualiza año a año y se basa en 60 indicadores relacionados la pluralidad y transparencia del proceso electoral, la participación política, la cultura política, las libertades civiles y el funcionamiento del gobierno.

Uruguay es una de las 20 democracias plenas del mundo según este índice, siendo la única de Latinoamérica, y junto con Canadá una de las dos de todo el continente. Tal como se puede apreciar, los puntos fuertes de la democracia uruguaya son la transparencia del proceso electoral y su pluralismo, junto con las libertades civiles. Según esta medición, el país tiene un debe en lo que es participación política.

La evolución del Uruguay dentro del índice revela un aumento sostenido de la calidad democrática del país, encontrando un descenso en su última medición, correspondiente al 2017.

Imagen de portada: Tomás J. Sepúlveda

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